La edición limitada de Malleolus une la artesanía del vino y la creatividad de la moda en un proyecto que celebra identidad, tiempo y autenticidad
Bodegas Emilio Moro ha abierto sus puertas en Pesquera de Duero para dar a conocer una colaboración excepcional con el diseñador Pablo Erroz. Más que una etiqueta o una colección, este proyecto representa un diálogo entre dos universos creativos que comparten pasión por la identidad, la artesanía y el tiempo.
La jornada comenzó recorriendo los espacios más emblemáticos de la bodega y sus viñedos, donde cada rincón refleja la historia de cuatro generaciones de la familia Moro. Desde la vendimia de 1938, capturada en una fotografía histórica del primer Emilio Moro junto a su hijo, hasta los viñedos actuales que se extienden sobre más de 340 hectáreas, cada detalle transmite paciencia, constancia y la búsqueda de autenticidad.
En los viñedos, los visitantes descubrieron cómo la uva Tempranillo se transforma en identidad. Suelos pedregosos, calizos y arcillosos, junto con un clima exigente, dotan a la uva de carácter y concentración, en paralelo a cómo la selección de tejidos, texturas y volúmenes da forma a una colección de moda. Tanto en la bodega como en el taller, cada proceso comienza con decisiones que condicionan el resultado final.
El recorrido continuó por la tolva, los depósitos y la sala de barricas, donde la transformación invisible es protagonista: la fermentación alcohólica, el remontado, la maceración y la crianza en roble francés y americano requieren tiempo y control, reflejando la filosofía de Emilio Moro: hay gestos que no se ven, pero que marcan la identidad de lo que se muestra al mundo. Del mismo modo, Pablo Erroz desarrolla su colección con investigación y pruebas que permanecen invisibles hasta que la pieza se materializa.
La pieza central de esta colaboración, situada en el bodegón de barricas-fudres, simboliza este encuentro creativo: no es un accesorio inspirado en el vino ni un vino convertido en moda, sino la convergencia de dos formas de crear desde dentro, donde el tiempo, la artesanía, el origen y el silencio de los procesos invisibles cobran protagonismo. El recorrido finalizó en la zona de nichos, espacio que conserva la memoria de la familia y los vinos, recordando que la identidad no termina en lo visible: es en la permanencia y en lo que se guarda donde se construye el sentido profundo de esta colaboración.
Esta unión entre vino y moda se mostró recientemente en uno de los momentos más singulares de la 83ª edición de Mercedes‑Benz Fashion Week Madrid. Malleolus, uno de los vinos más emblemáticos de Bodegas Emilio Moro, formó parte del desfile The Residence de Pablo Erroz, estableciendo un diálogo único entre ambas disciplinas. Su presencia no fue un simple guiño estético, sino una declaración de intenciones: reivindicar el valor de lo hecho a mano, del tiempo, de la dedicación y del legado.
El concepto de The Residence, planteado por el diseñador como un espacio íntimo y profundamente personal, conecta de forma natural con la esencia de Bodegas Emilio Moro. La bodega representa una “residencia” donde generaciones han trabajado la tierra, transmitido conocimiento y construido una identidad basada en respeto por el origen y autenticidad. Malleolus se convierte así en un símbolo compartido entre moda y vino, donde la artesanía se entiende como técnica y expresión capaz de emocionar, contar historias y perdurar en el tiempo.
El resultado de esta colaboración se materializa en dos piezas clave: una edición limitada de 100 botellas diseñadas por Pablo Erroz, concebidas como objetos de colección que trasladan el lenguaje del diseño al vino, y una funda de piel exclusiva creada para portar Malleolus, transformando el acto de transportar la botella en una declaración estética.
Con esta iniciativa, Bodegas Emilio Moro refuerza su posicionamiento como marca que trasciende el producto, integrándose en conversaciones culturales relevantes y explorando nuevas formas de expresión sin perder su esencia. La creatividad, la tradición y la innovación se dan la mano, recordando que la excelencia nace de la paciencia, la autenticidad y la pasión compartida por quienes crean desde dentro.