(Fuente imagen: wine-bohemia.info)
Ni tanto, ni tan poco. Todos sabemos que la vida no se compone sólo de blancos y negros, sino que existen multitud de matices. Las cosas (y las personas) no son buenas o malas per se. Como diría Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mis circunstancias”. Por esto mismo, antes de realizar un juicio de valor sobre cualquier tema, hemos de saber desde qué perspectiva se está mirando. Ésta puede ser la razón de encontrar alabanzas y críticas sobre un mismo asunto. Si existe un elemento en nuestra vida lleno de matices (en este caso, de rojos), ése es el vino. Y su consumo es, por tanto, más o menos recomendable según las circunstancias de cada cual.
Por este motivo, queremos repasar algunas de las afirmaciones más comunes acerca de la relación vino-salud que, ni son del todo falsas, ni son del todo verdaderas:
“El vino es una bebida alcohólica, por lo que resulta perjudicial para la salud”:
Es cierto que el vino tiene un porcentaje de alcohol debido a su proceso de elaboración pero esto no supone necesariamente un perjuicio directo para la salud. Por supuesto, el efecto del vino depende en primera instancia de la cantidad consumida, seguido de otros factores como el sexo, la edad, el peso, la salud o la alimentación.
Existen grupos de riesgo ante los que el vino puede afectar de forma perjudicial pero se trata de excepciones, de casos concretos que no deben extrapolarse a toda la sociedad. De hecho, una persona sana, bien nutrida y no acostumbrada al alcohol, puede metabolizar unos 100 mgr. de etanol por cada Kg. de peso y hora.
En palabras de C. De la Torre, Catedrática de Nutrición y Bromatología de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Barcelona, “Vino y alcohol no son sinónimos. Para un adulto sano se considera conveniente una dosis de 500 ml. de un vino de 12º, acompañando a las comidas”
“El vino es bueno para la salud”:
Volvemos, una vez más, al “depende”. El vino no es beneficioso para todas las personas y en todas las circunstancias. De hecho, el grupo de mayores beneficiados son los hombres de más de 40 años y las mujeres de más de 50 años, siempre que sean consumidores moderados y sin problemas de salud.
Existen además ciertas propiedades generales del vino muy beneficiosas (siempre atendiendo al consumo moderado) como el ya popularizado resveratrol.
Se trata de uno de los compuestos del vino que más propiedades tiene para la salud. Es una fitoalexina, un compuesto antimicrobiano sintetizado por la vid en respuesta a una infección parasitaria o un estrés. Está presente en la piel de las uvas y en el vino, especialmente en el tinto, y actúa como anticancerígeno, anti-inflamatorio, antioxidante y anti-plaquetario. Además, inhibe la oxidación de las LDL (colesterol malo) y estimula la producción de óxido nitroso, encargado de dilatar los vasos sanguíneos e inhibiendo la coagulación.
También se ha reconocido el poder beneficioso del vino frente a los problemas cardíacos, de colesterol, incluso frente al alzheimer. Pero, por supuesto, no supone en ningún caso una solución a estos males.
“Hay que tomar una copa de vino en cada comida”:
Puede ser una recomendación, en su caso, pero nunca una obligación. Es más, el efecto del vino durante la comida depende incluso del tipo de alimentos que se ingieran. La dieta que mejor se complementa con el vino es la Mediterránea: cereales, legumbres, frutas, verduras, frutos secos, pescado y aceite de oliva.
S. Renaud, de la Unidad de Investigación en Nutrición y Fisiología vascular de Lyon, afirma que “el consumo de vino en el contexto de la Dieta Mediterránea contrarresta los efectos nocivos del colesterol”.
Tradicionalmente, el consumo de vino en la comida hacía referencia a la contaminación microbiana. De hecho, durante los siglos XVII y XVIII, el agua se consideraba como una mala bebida por ser una de las principales vías de contaminación. Pasteur estaba convencido de que “el vino es la más sana e higiénica de todas las bebidas”.
Por lo tanto, vemos que el vino no puede categorizarse como bueno ni malo para la salud. Depende de cada persona, sus circunstancias y, especialmente, del consumo. Sobre el consumo trata esta cita esperanzadora de W. Willet, de la Escuela de Salud Pública de Harvard, con la que finalizamos el post de hoy: “los bebedores moderados gozan de una esperanza de vida mayor que los abstemios o que los bebedores excesivos”.
En definitiva, con moderación y, siempre que no existan factores de riesgo que contraindiquen su consumo, el vino puede ser un gran aliado por (y con) el que brindar.
¡Salud!



